El suelo pélvico es esa parte de tu cuerpo que conecta, contiene y protege.

No se ve. Casi no se habla de ella. Y sin embargo, está trabajando cada vez que te levantas, cada vez que toses, cada vez que corres, cada vez que respiras.

Y como muchas cosas que no se ven, se olvida. Hasta que falla.

¿Qué es exactamente el suelo pélvico?

Es un conjunto de músculos, fascias y ligamentos que cierran la parte inferior de tu pelvis. Una especie de hamaca que sostiene los órganos pélvicos: vejiga, útero, intestinos. Y trabaja en coordinación con tu abdomen profundo, tu diafragma y tu columna para mantener la estabilidad de todo el cuerpo.

No es un músculo aislado. Es parte de un sistema.

Además de sostener, cumple funciones que igual no habías relacionado con él: contiene los esfínteres, participa en la función sexual, amortigua el impacto al caminar o correr, y tiene un papel directo en tu postura y tu equilibrio.

¿Por qué nadie habla de esto?

Afortunadamente cada vez más, pero todavía en consulta me encuentro mujeres a las que les parece normal tener escapes de pis cuando estornudan. Normal. Y ni se plantean que eso puede tener relación con su dolor lumbar.

Porque durante mucho tiempo fue tabú. En mujeres, solo se nombraba en el embarazo y poco más. En hombres, casi ni existe en las conversaciones médicas salvo por temas prostáticos.

Y sin embargo, tanto hombres como mujeres tenemos suelo pélvico. Y cuando está en disfunción, puede dar síntomas que no siempre se asocian a él.

Dolor lumbar o sacro. Sensación de peso en la pelvis. Incontinencia, aunque sea “solo al estornudar”. Dolor durante las relaciones sexuales. Dificultad para activar bien la musculatura cuando levantas peso o coges a tus hijos en brazos.

La gestión de las presiones es la clave

Cuando realizas cualquier esfuerzo, levantar peso, toser, reír, moverte de forma brusca, se genera presión dentro del abdomen. Esa presión debería repartirse de forma armónica entre el diafragma por arriba, la musculatura abdominal por delante, la columna por detrás y el suelo pélvico por abajo.

Pero si este sistema no está bien coordinado, la presión se descompensa. Y alguien acaba pagando el precio.

Una buena gestión de las presiones no es cuestión de fuerza. Es cuestión de coordinación. Y aquí es donde entra el trabajo consciente, la respiración funcional y el movimiento bien guiado.

Desde hace años trabajo con pacientes que vienen con dolor lumbar crónico, y el gran ausente en sus tratamientos anteriores ha sido siempre el suelo pélvico. Cuando lo activan (o lo relajan) de forma correcta, todo cambia: mejora la estabilidad, disminuyen las tensiones, desaparece esa sensación de descoloque permanente.

Tres mitos que necesitamos soltar

“El suelo pélvico solo importa en el postparto.” Falso. Es importante en todas las etapas de la vida. En hombres y en mujeres. En deportistas, oficinistas y personas sedentarias.

“No tengo pérdidas, así que está bien.” No siempre. Puede estar débil, tenso o descoordinado sin dar síntomas urinarios. Y aun así generar dolor a distancia. Todo el cuerpo está conectado.

“Con problemas de suelo pélvico no puedo hacer ejercicio de fuerza o salir a correr.” Claro que sí puedes. Pero hay que tener en cuenta el punto de partida, adaptar y trabajar con conciencia corporal y respiración bien dirigida. De forma progresiva se puede llegar a una intensidad de entrenamiento muy buena en cualquier disciplina.

En el capítulo 10 de mi libro “15 minutos para aliviar tu dolor de espalda” hay un capítulo específico donde hablamos de suelo pélvico y su importancia dentro de nuestra estabilidad corporal y su movimiento.

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Hoy el tema del reto Vuelve a tu cuerpo ha sido conectar con nuestro suelo pélvico para sentirlo, para sentir cómo se contrae u cómo se relaja. Y tomar conciencia si nos cuesta más una cosa u otra.

Todavía nos quedan 3 días más de trabajo, hasta el domingo, y luego seguirá disponible durante una semana más donde iremos comentando en el grupo de telegram cómo nos hemo sentido con las diferentes prácticas.

Así que si quieres apuntarte te dejo el enlace aquí debajo. Pero ten en cuenta una cosa, no quieras avanzar hasta donde estamos el resto. Una práctica cada día. Se trata de conectar con nuestras sensaciones corporales sin prisa y con conciencia.

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