Hasta que un día decida que ya no puede más…
Hace unos días vino a la consulta una mujer agotada.
Dolor lumbar desde hacía meses.
Había probado de todo: calmantes, masajes, estiramientos, ejercicio, incluso había dejado de moverse “por si empeoraba” y nada de todo esto le había aportado una solución.
Y lo más curioso es que no había ninguna lesión “objetiva”. No había hernias, ni ninguna cosa que justificara ese dolor. Su cuerpo estaba intentando adaptarse a “algo”.
Decidí un abordaje más global de su dolor. Sin quedarme en la zona que manifestaba síntomas. Su postura en general, las limitaciones de movimiento no sólo en la zona cercana al dolor. Su historia personal con el dolor, ese y cualquier otro, su trabajo, sus hábitos, y muchas cosas más.
Tras la primera sesión consiguió dormir del tirón toda la noche después de mucho tiempo. Nos queda aún trabajo por hacer, pero la base es buena, y seguiremos trabajando desde este enfoque.

Nos han enseñado a pensar que el dolor es el problema.
Pero el dolor no es el problema. Es la señal.
El problema suele estar en:
- cómo te mueves (o cómo has dejado de moverte)
- cómo respiras
- cómo gestionas tu día a día
Y sobre todo, en algo más profundo: la desconexión con tu propio cuerpo.
Vivimos inmersos en un ritmo frenético que no nos deja espacio para cuidarnos con calma y disfrute. Porque hemos convertido nuestros hábitos de autocuidado en otra carrera más en el día.
Cuando el autocuidado se convierte en otra fuente de estrés, realmente ¿es autocuidado o nos estamos saboteando de nuevo con otra “obligación más que siento como una nueva cadena”?
Y esto no solo pasa en consulta con mis pacientes…
Pasa cada día en las empresas.
Personas que trabajan horas sentadas, que viven con tensión constante, que acumulan fatiga… hasta que el cuerpo dice basta.
Y entonces aparece el dolor porque el cuerpo y la mente han sostenido demasiado tiempo sin herramientas adecuadas de gestión corporal y mental.
Vamos a hacer un ejercicio corto
Túmbate en el suelo.
Sin corregirte.
Solo observa:
- ¿Qué zonas de tu cuerpo apoyan más?
- ¿Cómo es tu respiración? Superficial, amplia, en toda tu parrilla costal…..
- ¿Dónde hay tensión?
- ¿Dónde no sientes nada?
Respira y observa.
Y hazte esta pregunta: “¿Qué parte de mi cuerpo llevo tiempo ignorando?”
Necesitas reconectar con tu cuerpo, ¿verdad?
No se trata de añadir más ejercicios, ni de exigirte más.
Se trata de entender y de integrar. Y de encontrar una forma más amable de cuidarte, desde el respeto por tu cuerpo y no desde el castigo. Desde la comprensión de lo que tu cuerpo intenta decirte, y no desde las modas que cada cierto tiempo van cambiando.
Si quieres empezar
En mi libro “15 minutos para aliviar tu dolor de espalda” tienes algunos ejercicios guiados para empezar desde casa, a tu ritmo. Son ejercicios de autoconocimiento y toma de conciencia corporal.
Si compras el libro, envíame un WhatsApp con el resguardo de compra y te haré llegar un enlace con los ejercicios en video para que te resulte más sencillo hacerlos, y el cuaderno de trabajo para que vayas anotando tus progresos. Me encantará saber cómo te hacen sentir.
